Tengo el corazón
distraído
por el indescifrable
código antiguo
de tu rezo...
R.I.
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Desde la buhardilla
Mirando al mar
las camelias charlan con el tiempo.
Sin embargo no acuden a la misa del océano,
ellas lucen hermosas corolas y sus cinco pétalos
en rojo corazón de los minutos.
Se duelen en sus puntas en invierno
doblándose los tallos cual cintura,
hacia la tierra, besándola.
Secretean en otoño
a la puerta de los templos,
mientras pequeñas Anas
los observan desde sus hacinadas buhardillas.
La mesa sigue puesta
mas todo huele a muerte desde el mantel
donde la copa aún gotea nuestra sangre.
Tú te haces pino
elevando la estatura de las noches sin madre
frotando las horas en aquel pañuelo
con aroma a peonías y rosas, tan amado.
Simula la muerte no dormida
en insustituible mantra
y se hace tierra en el extremo natural de lo prohibido.
Hoy crece la hierba, Ana
y en el viento se componen arpegios primaverales
cierra los ojos y guarda el hambre en tu pequeña maleta.
Permíteme zurcir un párrafo a tu vida.
Ya no temen los ángeles bajar las escaleras
cuando caen los llantos de rodillas sin ser atendidos
porque sienten a Dios en sus dominios.
Rossana Arellano













